Un paso desde nuestras comunidades
Somos los jóvenes que alzamos la voz desde lo comunitario hacia el cambio necesario.
Alejandro Gallo
4/1/20262 min leer
Desde mi adolescencia, supe que no podía quedarme callado frente a tantas injusticias, aunque fueran ignoradas por otros. Mi motivación no era denunciar, si no actuar: crear nuevas oportunidades, proponer soluciones y ser parte del cambio.
Inicié mi participación desde el voluntariado y proyectos comunitarios, sumándome poco a poco en iniciativas locales, nacionales e internacionales, como la coordinación de mesas de trabajo sobre empleabilidad digna con el Consejo Ciudadano Juvenil del Estado de Querétaro, en actividades de la Red Juvenil por la Agenda 2030 en Querétaro, junto a la embajadora Sofía Aguirre o en programas tecnológicos, como la iniciativa de Microsoft Learn Student Ambassador.
Una experiencia que me marcó fue haber participado en un voluntariado en Uruguay, como parte del programa de voluntariado “Contigo Rumbo Joven” impulsado por la Secretaría de la Juventud de Querétaro, en colaboración con la organización América Solidaria. En ese viaje, viví grandes experiencias y pude participar en talleres de liderazgo social y en un proyecto comunitario, en donde rehabilitamos espacios en La Huella, que es Centro de Acogimiento y Fortalecimiento Familiar (CAFF).
También he podido sumador desde lo local, colaboré en la creación de un centro de cómputo en la Sierra Gorda de Querétaro, como parte del equipo del Tech Center de Yanfeng Automotive Interiors en México, a través de su programa interno "Care & Share" o con TECHO MX, en la construcción de viviendas progresivas de emergencia en Querétaro.
Me gusta pensar que no somos solo la generación que vivimos las consecuencias de las decisiones pasadas, sino la que busca proponer soluciones. Vinculo mi trabajo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el ODS 11 (Ciudades y comunidades sostenibles), ODS 13 (Acción por el clima) y ODS 16 (Paz, justicia e instituciones sólidas).
Como jóvenes, nos encontramos ante el desafío de transformar los espacios de toma de decisiones, donde muchas veces persisten dinámicas que no reconocen el valor de nuevas perspectivas. Esto me ha levantar la voz, incitando a que otros jóvenes hagan lo mismo y reconozcamos los privilegios que no todos tenemos.
La participación juvenil es un factor importante, el cual tenemos que aprovechar para que nuestras voces no sean solo una nota en la libreta de los responsables que toman decisiones, sino parte central de las conversaciones sobre políticas y cambios. Tenemos que convertirnos en activistas que cambian el mundo, y para eso no necesitamos grandes escenarios internacionales ni millones de seguidores en redes sociales. Basta con animarnos a levantar la voz en la junta de nuestra colonia, en nuestro grupo de amigos o en una reunión donde nadie más se atreve a hablar, ese gesto ya es un acto de lucha por el cambio.


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